
Los productos dañados o muy desgastados pueden provocar una mayor migración de sustancias y ya no son aptos para el contacto con alimentos.
No utilizar en caso de:
- Grietas o roturas.
- Deformación (por ejemplo, tras calentamiento).
- Decoloración intensa u opacidad.
- Superficie rugosa o pegajosa.
Estos cambios pueden indicar una degradación del material.